CONCIERTOS: ROBBIE WILLIAMS EN EL ARENA, DEJÉMONOS ENTRETENERNOS
Como ya bien sabemos, el talento es algo que no se compra ni se vende: se tiene. Y Robbie Williams definitivamente lo tiene. Si se hubiese dedicado a la actuación, sería un gran comediante; si hubiese sido científico, tendría más de un Nobel; y si hubiese elegido el fútbol... bueno, Inglaterra no la hubiese pecheado en los últimos mundiales. Y luego de veinte años, el ex jovencito arrogante de Stoke-on-Trent volvió a nuestro país para demostrar que todavía sigue siendo aquel popstar canchero y bonachón que alguna vez tuvo al mundo en el bolsillo.
Pero, además de los necesarios hits, el show no sería lo mismo sin el speech de Robbie. Son momentos en los que parece estar en su salsa y donde, además, aprovecha para pedirnos perdón por haber tardado veinte años en volver, producto de sus adicciones. También nos cuenta la importancia de su familia y de sus cuatro hijos en su lucha por seguir siendo relevante y no caer en el olvido o, lo que es peor, ser recordado como "aquel gordito que cantaba en Take That", aquella boy band en la que el pulcro Gary Barlow le quitaba protagonismo.
De aquel viejo resentimiento se toma revancha haciendo una versión de "Relight My Fire", el tema que no le dejaron cantar durante su etapa en la banda de carilindos.
Todo esto nos da la pauta de que Robbie podría seguir llenando estadios sin necesidad de apelar a ninguna de sus canciones. Pero las tiene, y muy buenas. Así que, entre confesión y confesión, sonaron las coreadas "Better Man", "Millennium", "No Regrets" y "Come Undone", además del homenaje a sus dos ídolos: Frank Sinatra, con "New York, New York", y su papá, el comediante Pete Conway, con "My Way", la canción que solían cantar juntos cuando Robbie era un niño.
Después de la presentación de la banda, donde sonaron fragmentos de canciones de The Beatles, Van Halen, Bon Jovi, entre otros, además del ya clásico en estas situaciones "De Música Ligera", todavía quedaba tiempo para los últimos hits: "Feel" y la coreadísima "Angels", elegida para cerrar una noche en la que Robbie dejó en claro que veinte años después, sigue siendo un animal de escenario, con talento de sobra.
«No te queda nada que temer / Sacudí el culo y vení para acá / Soy una efigie ardiente de todo lo que solía ser / Así que vamos, déjame entretenerte», nos dice Robbie en "Let Me Entertain You", que sirve tanto como apertura ideal del show como declaración de principios. Y durante las próximas dos horas será muy difícil declinar la invitación.
Las siguientes "Rocket" y "Rock DJ" representan los cimientos sonoros sobre los que se sostiene el show: un pop rock vibrante y una invitación permanente al baile, sostenidos por una banda curtida y por el complemento visual y vocal que aportan las coristas y las bailarinas.
Las siguientes "Rocket" y "Rock DJ" representan los cimientos sonoros sobre los que se sostiene el show: un pop rock vibrante y una invitación permanente al baile, sostenidos por una banda curtida y por el complemento visual y vocal que aportan las coristas y las bailarinas.
Pero, además de los necesarios hits, el show no sería lo mismo sin el speech de Robbie. Son momentos en los que parece estar en su salsa y donde, además, aprovecha para pedirnos perdón por haber tardado veinte años en volver, producto de sus adicciones. También nos cuenta la importancia de su familia y de sus cuatro hijos en su lucha por seguir siendo relevante y no caer en el olvido o, lo que es peor, ser recordado como "aquel gordito que cantaba en Take That", aquella boy band en la que el pulcro Gary Barlow le quitaba protagonismo.
De aquel viejo resentimiento se toma revancha haciendo una versión de "Relight My Fire", el tema que no le dejaron cantar durante su etapa en la banda de carilindos.
Todo esto nos da la pauta de que Robbie podría seguir llenando estadios sin necesidad de apelar a ninguna de sus canciones. Pero las tiene, y muy buenas. Así que, entre confesión y confesión, sonaron las coreadas "Better Man", "Millennium", "No Regrets" y "Come Undone", además del homenaje a sus dos ídolos: Frank Sinatra, con "New York, New York", y su papá, el comediante Pete Conway, con "My Way", la canción que solían cantar juntos cuando Robbie era un niño.
Después de la presentación de la banda, donde sonaron fragmentos de canciones de The Beatles, Van Halen, Bon Jovi, entre otros, además del ya clásico en estas situaciones "De Música Ligera", todavía quedaba tiempo para los últimos hits: "Feel" y la coreadísima "Angels", elegida para cerrar una noche en la que Robbie dejó en claro que veinte años después, sigue siendo un animal de escenario, con talento de sobra.

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