LOS INFILTRADOS
(The Departed, EE.UU., 2006, 152 min.)

Director: Martin Scorsese.
Protagonistas: Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Jack Nicholson, Mark Wahlberg, Martin Sheen, Ray Winstone, Alec Baldwin y Vera Farmiga.

Dicen que volvió Scorsese, pero la verdad es que nunca se fue. Es cierto que se extrañaba a los gángsters de Buenos Muchachos, pero ¿qué eran, sino mafiosos, los integrantes de las Pandillas de Nueva York? Hay que conceder que El Aviador era un film fallido, pero aún con sus altibajos, se mantenía fiel a sus ideas visuales y marcas autorales. Tal vez la evolución de Los Infiltrados se encuentre ahí, en la manera en que Martin Scorsese revisita su propia filmografía. La referencia se distanció cuanto pudo del autoplagio, a diferencia de lo que ocurría con el Howard Hughes de DiCaprio, que enfrentaba escándalos y fotógrafos de la misma manera que DeNiro en Casino y Toro Salvaje. En Los Infiltrados, el tema del doble le permite al director explorar terrenos habituales con renovada creatividad.
Billy Costigan y Colin Sullivan se parecen ya desde el nombre. Ambos son reclutados por sus respectivos jefes para infiltrarse en el bando rival y mantenerlos informados de sus movimientos. La diferencia radica en que Billy es enviado por la Policía a seguir los pasos de Frank Costello, un capomafia irlandés, mientras que Colin trabaja para él en el departamento policial.
Si bien la película es una remake de la hongkonesa Internal Affairs, sorprende la similitud de Los Infiltrados con la cosmovisión de un contemporáneo de Scorsese, de reciente y tardío reconocimiento. Estamos hablando de Michael Mann (Fuego contra Fuego, El Informante, Alí, Colateral, Miami Vice), que viene trabajando desde sus comienzos con la ambigua oposición del bueno y el malo, con la claustrofóbica relación del héroe con el mundo globalizado y que gusta de incluir en sus películas el reiterado uso de teléfonos celulares. Sea por motivos promocionales y/o como reflexión sobre la posmodernidad, Scorsese retoma esta veta y la explota al máximo: aquí el celular es motivo permanente de tensión dramática. A través de él se informa, se advierte, se detecta... incluso sirve como transmisor de responsabilidades. El celular del Jefe de Policía Quennan, en manos de Sullivan, restablece el contacto con Costigan, efectivizando el nuevo status de poder de Colin. En la secuencia de la persecución a la salida del cine, es el aparato el que da la orden del duelo, tanto por el sonido que produce como por el mensaje que transmite. Y un traspaso de poder mafioso también se llevará a cabo empuñando el celular en alto.
De todos modos, el ritmo que le imprime Scorsese a su largometraje –entre otros aspectos narrativos- lo aleja de la estética de Mann. Los Infiltrados no da respiro, a excepción del intervalo con el que se proyecta en algunos cines. Y la velocidad del registro parece haber elevado también la verborragia de los personajes: no sólo se grita, sino que se insulta sin limitaciones. Cierto es que en un film del director la violencia explícita –física o verbal- no debe sorprender a nadie, pero aquí Scorsese a batido su propio record. Así lo indica la Internet Movie DataBase, que le otorga a Los Infiltrados el pronunciamiento de 22 “C-u-n-t” y... 237(¡!) “F-u-c-k y sus derivados"(sic).
Los mejores insultos, como era de esperarse, se los llevan los secundarios, con un casting excelente. (Quenan a Billy, refiriéndose a su vertiginoso ascenso en la Policía: -“Estás subiendo muy rápido”. Dignam a Billy: -“¡Sí, como la p... de un pibe de doce años!”). Pero si bien es cierto que el carisma de estos personajes se sustenta bastante en esta competición de puteadas, no hay que desmerecer las ajustadas actuaciones de Martin Sheen, Alec Baldwin, Ray Winstone y, sorprendentemente, Mark Wahlberg. El Costello de Nicholson no se aleja de lo que nos tiene acostumbrados: muchos grandes momentos y algunos excesos molestos. Y de la dupla protagónica DiCaprio-Damon sale ganado el primero, aunque Scorsese logra sacarle al segundo un digno desempeño.
Como en cada película de los grandes directores veteranos del cine americano que aún siguen filmando (Eastwood, Coppola, DePalma, Carpenter, Spielberg, etc.), Los Infiltrados tiene múltiples lecturas para analizar. Como botón de muestra, la mirada política del director parece ir oscureciéndose cada vez más.Las calles siguen siendo el lugar donde explota la violencia de sus minorías protagónicas (cuerpos que caen desde una terraza, que explotan en una ventana, que son apuñalados en un callejón, ahorcados o fusilados en la costa, hundidos en el fango, acribillados en callejuelas, estacionamientos o fabricas abandonadas), en este caso le toca a la comunidad irlandesa de Boston, en lugar de la habitual ítaloamericana de la que proviene el director. Pero lo que está desapareciendo de sus películas es su clausura de esa violencia, aunque sea momentánea, frágil o arbitraria, al final del trayecto. La violencia que cimentaba la historia de la ciudad de Nueva York en Pandillas... se encuentra en la Boston de Los Infiltrados en un espiral interminable. Y este espiral es una escalera que desciende. Arriba, sutiles, imperturbables, están las cúpulas de poder. La que se erige tras la imponente escalinata del Departamento de Policía. O la dorada del Capitolio que, desde su ventana, observa Colin con anhelo. La cúpula del poder político que aprobó el Patriot Act (La Ley Antiterrorista que permitió al gobierno de Bush franquear las libertades individuales sin necesidad de justificarse). Esa ley que Ellerby / Baldwin festeja porque lo habilita para poner cámaras y pinchar teléfonos cuando y donde se le antoje (“¡La ley Antiterrorista! ¡La amo! ¡La amo! ¡La amo!”). Allí habitan, nos dice Scorsese - con vulgar y preciso simbolismo final -, las verdaderas “ratas” de EE.UU.

Comentarios

Anónimo dijo…
La crítica es brillante. ¿Para cuándo armamos la revista de cine que compita con la basura de El Amante?
Un abrazo grande y felicitaciones!
Anónimo dijo…
Ah..me olvidé de firmar
Ernesto
yo dijo…
Villa! ya era hora de que volvieras, je, estaba esperando algún post. Como habrás leído en mi blog yo también ví Los Infiltrados y también di mi opinión, aunque no soy crítica de cine para nada, je. Igual parece que tenemos algunos puntos de vista en común
Besos!!
Villa dijo…
A veces los comentarios que dejan tardan en aparecer, pero están ahí, solo que el blooger tarda un poquito en publicarlos. Mil disculpas!
Anónimo dijo…
Mis amigos: si, el Beto deja su marca. Un gusto haber compartido Los Infiltrados con usted sr. Villani. Sigan con su estilo muchachos, muy bueno.
Doka: quiero la crítica del show de Sabina. Mi primer campo compartido con los amigos. Mi primer show suspendido y lleno de nostalgia por añorar lo que nunca jamás sucedió. Ese punto final que puso la lluvia donde no siguieron dos puntos suspensivos.
Adiós
Anónimo dijo…
Hey, adhiero al comment anterior, para cuando la revista? Bueno a mi me gusto Los infiltrados aunque, por momentos me parecio medio larga al pedo. Che alguna novedad de PJ Harvey?
Besos Glamourosos!
Villa dijo…
Para mis fans. Las criticas de Sabina, The Cult y los discos del ano estan en espera hasta que el rigido de mi PC vuelva a su lugar. Con respecto a PJ Harvey la unica novedad es que sigue sin banarse :P

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